ALAS DE MARIPOSA

10 enero 2020 0 Comentarios

Esta tarde mi hijo Pol esta estresado, tiene que entregar unos ejercicios de matemáticas y siente que no llega. Me pide ayuda para que “no le pongan mala nota”. Muchas veces me encuentro frente a la duda de cuando empezar a actuar frente a una petición de ayuda, hasta donde facilitar las cosas e ir más rápido, o dejar que sean las circunstancias y las personas quienes, con su tesón y trabajo, pero con mi apoyo, consigan dar ese paso por si mismos. ¿Hasta donde sostener antes de pasar a la acción? ¿Por qué esperar más? ¿Que ganaré por hacer un proceso más largo?Cuando esas dudas me asaltan, recuerdo este pequeño cuento antes de tomar mi decisión. Espero que te sirva a ti también.

Un hombre encontró un capullo de una mariposa y lo llevó a su casa para observar el momento en que esta saliera del mismo. Un día notó un pequeño orificio en el capullo y entonces se sentó a observar por varias horas viendo como la mariposa luchaba por poder salir. El hombre la vio que forcejeaba duramente para poder pasar su cuerpo a través del pequeño agujero, hasta que llegó un momento en el que pareció haber cesado de forcejear, pues aparentemente no progresaba en su intento. Parecía como que se hubiese atascado.

 Entonces el hombre, en su bondad, decidió ayudar a la mariposa y con una pequeña tijera corto al lado del agujero para hacerlo más grande, y ahí fue que por fin la mariposa pudo salir del capullo. Sin embargo, al salir la mariposa tenía el cuerpo muy hinchado y unas alas pequeñas y dobladas.

 El hombre continuó observando, pues esperaba que en cualquier instante las alas se desdoblarían y crecerían lo suficiente para soportar al cuerpo, el cual se contraería al reducir lo hinchado que estaba. Ninguna de estas dos cosas sucedió, y la mariposa solamente podía arrastrarse en círculos con su cuerpecito hinchado y sus alas dobladas. Jamás logró volar.

Lo que el hombre, en su bondad y apuro no entendió, fue que la restricción de la apertura del capullo y el esfuerzo de la mariposa por salir por el diminuto agujero, eran parte natural del proceso que forzaba fluidos del cuerpo de la mariposa hacia sus alas, para que alcancen el tamaño y fortaleza requeridos para volar. Al privar a la mariposa de la lucha, también le fue privado su sano y normal desarrollo.

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