Cuestión de actitud

21 diciembre 2015 0 Comentarios

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Esta tarde me siento cansado, el día ha sido largo e intenso en el trabajo. Ahora mismo tengo frente a mí dos grandes cajas, un montón de tablones y un libro de instrucciones de IKEA que indica con detalle todos los pasos a seguir para montar el armario.

No me apetece pero me comprometí a ayudar a mi hijo Pol. Tengo ganas de terminar rápido para irme a casa, hacer hogar mientras preparo la cena y poder descansar. Amontono las piezas por tipología y las ordeno todas, con la voluntad de ser más eficiente en la ejecución y terminar en un máximo de una hora y media.

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El ritmo es bueno, pero siento en mi interior la inquietud de irme, como mi ser está pensado en descansar y no en disfrutar del trabajo de montar el armario con mi hijo. Pienso que con la ordenación de las piezas, seguro que lo consigo, tan solo requiere seguir las instrucciones  y una ejecución coordinada con Pol.

Conforme pasan los minutos, el esqueleto de armario va tomando forma. Después de cada paso miro el reloj, me animo, ya falta menos, lo vamos a lograr. Pero en realidad me digo a mí mismo que me encantaría estar rumbo a casa para descansar y dejarlo para otro momento. Los laterales, la pieza central, la cajonera, el fondo de armario. Esto va mejor de lo que esperaba.

Al levantar el armazón para colocar las puertas correderas me doy cuenta que el separador central está al revés y me impide colocarlas. Siento que ha sido una carrera en vano. Me enfado conmigo, por querer ir deprisa ahora me toca desmontar una buena parte. Respiro profundamente para encontrar mi paz, para poder ver la situación con distancia y sin emoción.

Veo claro como las prisas por terminar, el cansancio del día y mi mente queriendo irse han sido malas compañeras de éxito. Me he perdido la experiencia compartida con Pol y no he logrado terminar a tiempo. Decido irme para volver mañana con otra actitud, hoy me rindo a las evidencias que no he escuchado.

Al día siguiente, llego con actitud de compartir y disfrutar el camino con Pol y resulta mucho más fácil desmontar de lo que vi ayer. Hoy disfrutamos, nos reímos, trabajamos en equipo, y en menos tiempo del esperado logramos el éxito de tenerlo todo montado correctamente.

Lo más importante era compartir ese tiempo con mi hijo, y hoy he sabido hacerlo. Ha sido solo cuestión de actitud.

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