El ciego

4 mayo 2015 0 Comentarios

braille

Son las 8 de la mañana, es mi hora de ir a la oficina. Al poner el primer pie en la calle, me encuentro con una mujer que lleva un bastón blanco para poder moverse: es ciega.

Siempre me ha fascinado cómo se mueven sin ver. La observo y la acompaño dos pasos por detrás de ella, por si necesita ayuda. Se detiene para cruzar la calle y espera a que el semáforo se ponga verde. Cuando cambia la frecuencia del pitido inicia su paso decidido. En la otra acera está la entrada del metro y una valla de publicidad con lo que, o eliges el lado correcto para sortear la abertura del metro, o debes ver cómo evitar la valla.

Pienso que allí necesitará ayuda y me acerco un poco más, pero en un instante me sorprende y es capaz de encontrar el recorrido correcto. Mi sorpresa es mayúscula: he menospreciado su capacidad porque siento que a mí me resultaría muy complejo; he proyectado mi dificultad en ella.

[Tweet «Cuando proyectas tus dificultades en los demás impides que las personas crezcan y aprendan»]

Me detengo mientras veo cómo se aleja hacia la plaza Cataluña. ¿Cuántas veces nos pasa en nuestra vida diaria al mirar a otros en el trabajo, a nuestros niños o en las relaciones personales? ¿Cómo al intervenir nos sentimos importantes e impedimos que los demás crezcan y aprendan?

Me ha fascinado tanto, que en mi caminar hacia la oficina (sí, ahora mismo tengo el lujo de tardar 20 minutos paseando) decido probar a andar con los ojos cerrados. ¡Qué difícil! Siento el resto de sentidos muy despiertos. ¿Estaré andando recto? ¿Voy a chocar con alguien? No soy capaz de andar más que unos pasos. Mi necesidad de ver y controlar donde estoy me fuerza a abrir los ojos.

Pienso en todas las dificultades que las personas ciegas deben superar en su casa, en su trabajo, en cada una de las cosas que suceden cada día. Siento que mi vida es infinitamente más fácil que la suya. Siento agradecimiento por ver y disfrutar de los colores, de las sonrisas de los niños, de ver los árboles y el cielo. Siento que mis dificultades son minucias, siento que hoy podré con todo.

Desde ese día lo practico como ejercicio para despertar el resto de sentidos, para ver qué fácil es mi vida comparada con otros. Mi récord en recorrido urbano está en 20 pasos. Atrévete a probarlo…. Y verás.

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