Mi primera vivencia en la estación de tren en India

17 marzo 2015 0 Comentarios

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Es mi primer viaje a India y hoy toca volver. El viaje es largo, casi 3 horas en taxi de Dharamsala a Pathankot, unas 10 horas en tren de Pathankot a Delhi, taxi hasta el aeropuerto de Delhi y vuelo hacia Barcelona. Tengo varias horas de espera en el aeropuerto pero no me importa.

Tomo un taxi dirección Pathankot, una población pequeña de 150.000 habitantes. Ya me han advertido que en India «todo puede suceder». Empiezo el regreso con calma y tiempo suficiente para no perder el tren (no hay ninguno más hasta el día siguiente y con él no llego al vuelo).

Llego de noche a la estación, está en las afueras, apenas hay una bombilla y no se ve a nadie. Me pregunto si es la estación a la que debo ir… Por suerte he llegado con tiempo y me queda más de una hora de espera. Cargo mis mochilas y me dirijo a la entrada con mi billete en mano.

La estación es pequeña y enseguida encuentro el panel donde consultar la llegada de trenes. Sorpresa: no hay ningún tren a la hora que marca mi billete y ninguno de los siguientes coincide con la numeración del viaje. ¡Seguro que el taxista se ha equivocado de estación! Decido acercarme al jefe de estación a preguntar. Sin ni siquiera mirarme, me contesta que sí a todo mientras sigue su conversación con otras 6 personas que están «trabajando» allí.

El andén es tan largo que no se ve el final y todo el suelo está lleno de personas sentadas esperando los trenes. Un tren hace entrada, nunca había visto tantos vagones en un sólo convoy. Sé que no es el mío porque en India los trenes no tienen por costumbre adelantarse. ¿Cómo sabré reconocer el mío? ¿Dónde me tendré que situar? Cuando se marcha el tren ¡cuento 45 vagones!

[Tweet «La vida se escribe a cada momento»]

Me doy cuenta de la suerte que tengo en Barcelona, lo fácil, y bien indicado que resulta todo. ¡Y nosotros nos quejamos! Veo que no sé manejarme muy bien en la incertidumbre, mi entorno social vende seguridad, precisión, garantías.

Me dirijo de nuevo al panel (seguro que no le he mirado bien), pero por más que lo miro y lo remiro, allí no coincide nada. No me doy por vencido y busco a alguna persona que no trabaje en la estación para preguntar.

Veo un chico joven, vestido al estilo occidental y me acerco a él. ¡Es un estudiante que se dirige a Delhi en el mismo tren! Él me indicará, estoy salvado. Amable, servicial, correcto, alegre, cercano. Una charla de casi 50 minutos me permite conocer de nuevo la bondad, humildad y humanidad de estas personas.

El tren llega con retraso de 30 minutos, pero no se indica en ningún lugar. La gente espera tranquila sentada en el suelo. No es más que otra de las decisiones que en su vida diaria no tienen respuesta hasta que la hay (qué comeré hoy, cuánto dinero ganaré…). La vida vivida en cada instante.

Al llegar a Barcelona, la veo artificial, como un gran y bonito teatro que nos hace crecer en la falsedad de la seguridad y la certeza, mientras que la vida se escribe a cada momento. Así pues vivámosla sin miedo, porque sin duda alguna somos afortunados por haber nacido en esta vieja Europa.

 

Foto: © www.andy-studio.com

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